Tom Brady el casado mas deseado por las mujeres

En diciembre pasado me enfrenté con una dura realidad. No hablo de los kilos que aumenté en el año ni de mi próximo adiós a la soltería. Por primera vez en 23 años de ver futbol americano, me descubrí alentando a otro equipo diferente a los Vaqueros de Dallas. Perdón Emmitt. Perdón Roger. Perdón Troy.

Era la semana 16 de la NFL. En el campo del Gillette Stadium estaban los Patriotas de Nueva Inglaterra y los Delfines de Miami. Los Patriotas ganaron en un final cerrado. “Fue una sufrida victoria, pero la tenemos”, pensé. Un momento, ¿qué me pasa? ¿Olvidé mis raíces? ¿Estoy sintiendo amor por los Patriotas? No podía creerlo. Comencé a volverme loco.

Durante varios días busqué alguna explicación a estas preguntas. Mi obsesión por los Vaqueros no disminuyó (fue una temporada difícil, pero los seguí semana a semana). Tampoco me siento identificado con los colores de Nueva Inglaterra (representan el lado más insoportable del nacionalismo estadounidense). Y mucho menos odio a los Delfines de Miami (de hecho, amo a sus porristas). Y no, tampoco estaba borracho (siete cervezas no hacen daño). Entonces, ¿qué demonios pasó ese día?

Decidí irme solo a un paraje fuera de la Ciudad de México para meditar sobre lo ocurrido. Ok, no. Me senté en un sillón de mi casa con un six de cerveza a la mano. Pero lo importante es que llegué a una conclusión: me emociona en exceso ver jugar a Tom Brady. Sí, escuchaste bien, me emociona en exceso ver jugar a Tom Brady. Y a ti también debería.

No me queda más que una conclusión. Ese día estaba apoyando a Brady, no a los Patriotas. Porque tengo la oportunidad de ver a una leyenda del tamaño de Michael Jordan.

Ya sé, aquí viene el ejército de enemigos de Tom. Estoy consciente de que el quarterback de los Patriotas es como la mayonesa: o te gusta o lo odias. Yo soy parte del primer grupo y lo digo con mucho orgullo. ¿Es insoportable? Tal vez. ¿Le falta carácter? No me parece. ¿Sólo sigue las órdenes de Belichik? Por supuesto, es el coach. Ningún argumento es válido para hablar mal de mi Brady. Me parece que las críticas de sus detractores son puras patadas de ahogado (envidia, pues).

Brady es un líder. No ha necesitado un ejército de estrellas a su lado para brillar. Sus corredores: Curtis Martin, Corey Dillon, Fred Taylor, Kevin Faulk, Lawrence Maroney y Danny Woodhead. Nada espectacular. Sus receptores: Randy Moss, Chad Ochocinco, Wes Welker y Deion Branch. Un poco mejor. Sus alas cerradas: Ben Coates, Ron Gronkowski, Benjamin Watson, Aaron Hernandez. Son buenos. Los resultados de este equipo, sin embargo, son impresionantes: 5 campeonatos de la AFC, 3 SuperBowls ganados, una temporada de 16-0. Y en todos estos años, Brady acumula récords y temporadas que envidiarían desde Unitas hasta Favre.

Brady es perseverante. Llegó en la sexta ronda del draft del año 2000 proveniente de la Universidad de Michigan y respetó el lugar que tenía Drew Bledsoe como mariscal de campo titular. En su primera temporada comenzó como el cuarto pasador. Completó 1 de 3 pases para seis yardas. En su segundo año, entró al campo cuando Bledsoe se lesionó en el segundo partido de la temporada. En sus primeras oportunidades tuvo un rating de vergüenza: 79.6 y 58.7, respectivamente. Pero su dedicación lo llevó a demostrar su talento, y para el final de temporada había ganado 11 de 14 partidos.

Brady es un ganador. En 11 temporadas con el equipo, ha amasado una impresionante récord de 139 victorias por 53 derrotas. Ya tuvo una temporada con marca perfecta (perdió en los últimos segundos el Super Bowl contra los Gigantes). Ha calificado a playoffs en nueve de sus 11 temporadas. Ganó tres SuperBowls en sus primeros cuatro años como titular. Y es una mentira que su defensa sea responsable del éxito de los Patriotas; basta con mirar la última temporada, donde fueron la segunda peor defensa de la liga en yardas permitidas.

Brady es una leyenda. No hablo de su última temporada de escándalo (5,235 yardas por aire, 39 touchdowns y sólo 12 intercepciones). Si gana este SuperBowl, se unirá a Joe Montana y Terry Bradshaw como los únicos quarterbacks que han ganado cuatro ediciones. Pero en números, los deja atrás pues a la fecha ha amasado 300 touchdowns, 115 intercepciones y 39,979 yardas por aire. Además, es junto con John Elway el único mariscal de campo que ha aparecido en cinco SuperBowls.

No me queda más que una conclusión. Ese día estaba apoyando a Brady, no a los Patriotas. Porque tengo la oportunidad de ver a una leyenda del tamaño de Michael Jordan. Porque cada pase de Brady tiene una intención. Porque en cada jugada nos enseña a ganar. Y porque es el jugador que más necesita esta liga.